Los 3 Cuñados programa 37 – Parásitos de la fama ¡Con Viruete!

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L3C p37

Sobrevivir en el mundo moderno no es una tarea para débiles. Por ello, si tus habilidades se limitan a un despreocupado consumo de estupefacientes o una excepcional tolerancia en cuanto a compañeros de cama, una salida profesional en boga es la de ¡Parásito de la fama!

Un parentesco lejano o un encuentro furtivo en los baños de La Posada de las Ánimas pueden ser el trampolín suficiente como para poder hacer de tu pasión un oficio.

Durante 2 (¡dos, two, deux, zwei!) horacas como soles mañaneros hacemos un repaso de ascensos al Olimpo y caidas a los infiernos protagonizadas por la fauna mediática que tantas alegrias, y a la vez tanta vergüenza ajena, nos produce.

Como para grabar un especial de este calibre necesitabamos toda la ayuda posible el gran José Viruete ha tenido a bien acercarse y echarnos un cable con su enciclopédico conocimiento pop. ¡Gracias Viru!

Venced vuestras reticencias, quitaos la pose de “yo no veo Telecinco, sólo documentales de La 2”, y pasaros un rato con nosotros, que os vais a partir el ojete. Palabrita del niño Jesús.

Como dijo Bernardo de Chartres, no somos si no enanos subidos a hombros de gigantes. Y no hay nada más hermoso para el espectador medio que ver a cientos de candidatos intentar trepar el gigante de la fama y meterse un morrazo por el camino. ¡El Humor Amarillo milenial!

Disfruten con nosotros como nosotros disfrutamos de ellos.

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Los 3 Cuñados programa 36 – Bodas y bodorrios

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L3C p36

¿Hay algo en lo que más gente esté de acuerdo que en el hecho de que las bodas son un coñazo? A lo largo y ancho de este país se puede escuchar el lamento, a veces a voces, a veces entre susurros, “¡Tres bodas tengo este año! ¡Menuda putada! ¡Yo te gano que tengo cinco! ¡Y encima me joden las vacaciones! ¡OOOOHHHH!”
Sin embargo, presas del espíritu vengativo que nos ayudó a conquistar un imperio hace 500 años, en cuanto nos llega el turno somos nosotros los primeros en organizar la temida celebración.
“Me apetecería mucho que vinieses”, dices mientras entregas cada invitación. Pero en realidad lo que piensas es “¡Donde las dan las toman! JAJAJAJAJAJA”.
Por no hablar del sincretismo cultural que representan. Es de las pocas cosas en la que los españoles hemos sido capaces de unir lo moderno y lo tradicional sin que se nos caiga la cara de vergüenza. Y no porque lo hayamos hecho con un alarde de clase, que va. Si no porque podemos subastar la liga de la novia subidos en el carrito del Candy Bar empujado por la Weeding Planner sin ponernos colorados. Señoras vestidas de pastel, cuñados con la corbata en la cabeza, Photo Call con sombreros absurdos. ¡Todo vale en una boda española! Nuestra capacidad de convertir en sórdido todo lo que salga en una comedia romántica americana es infinita.
Seamos sinceros, en el fondo, y cada vez más con la edad, las bodas molan. Son el equivalente adulto a las primeras noches que salías en nochevieja. Una buena excusa para emborracharte vestido de traje. Y cualquier ocasión que te permita hacer el ridículo con una vestimenta pensada para parecer formal merece la pena.
No se lo pierdan.

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